Detonadores

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Rizoma

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El micelio es la parte de los hongos que se desarrolla bajo tierra, es una red extensa de filamentos encargada de sostener su ciclo de vida. Los microorganismos son seres diminutos, visibles para los humanos solamente mediante un microscopio. Hongos y microorganismos transforman la materia orgánica del suelo, son la base de la vida de los ecosistemas forestales. Conocer y entender sus interrelaciones es una plataforma ante una multiplicidad de aproximaciones, no sólo a niveles agroecológicos y constructivos sino a niveles profundos ligados a nuestra propia existencia. /.../ Philip Ross, artista, inventor e investigador, dedicado al diseño de biomateriales, ha estudiado la ingeniería del micelio para entender su comportamiento y explorar sus capacidades como material. Inspirados por su labor hemos iniciado con Sebastián Niño una serie de pruebas con materia orgánica y micelio presentes en uno de los bosques de Organizmo restablecido hace trece años. 

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“Los arahuacos no distinguen entre el agua que está en nuestro cuerpo y el agua que existe fuera de él. “La sangre que fluye en nuestras venas”, me dijo alguna vez una joven mujer, “no es distinta del agua que fuiste a través de las arterias de la vida, los ríos de la Tierra”. Ellos ven una relación directa entre la orina, la sangre, la saliva y las lágrimas, por un lado, y el agua del río, los lagos, el páramo y los manantiales. E, indudablemente, están en lo cierto. Los seres humanos nos formamos en el agua, envueltos en el cómodo capullo del vientre de nuestra madre. Cuando somos bebés, nuestros cuerpos son casi exclusivamente líquidos. Incluso como adultos, apenas un tercio de nuestros huesos es sólido. Si se comprimieran nuestros huesos, nuestros ligamentos, músculos y tendones, y se extrajeran las plaquetas y las células de nuestra sangre, se vería que el resto de nosotros, es casi dos tercios de nuestro peso, una vez limpiado y enjuagado, fluiría suavemente como las aguas de un río al mar.”

 

WADE, Davis. Magdalena. Historias de Colombia. Crítica. Bogotá. 2020 Pág. 43

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Sequía en Colombia durante el 2013

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“Cuando inhala, atrae hacia sí a la hidrosfera, la cual, al aproximarse a su superficie, se condensa en nubes y lluvia. Llamaré a este estado agua-afirmativo -o de afirmación de agua- [Wasser-Bejahung]. Si continuase haciéndolo indefinidamente, la Tierra se inundaría. Pero no ocurre así porque vuelve a exhalar y despide o proyecta hacia arriba los vapores acuosos, donde se disipan por el espacio de la atmósfera superior. Allí se enrarecen hasta el punto de que, no sólo los traspasa el Sol con su fulgor, sino que las tinieblas eternas del espacio infinito se ven a través de ellos de un color azul nuevo. Llamaré a este estado de la atmósfera agua-negativo [Wasser-Verneinung]. Porque de la misma manera que, bajo la influencia contraria, no sólo el agua desciende profusamente desde arriba, sino que no puede secarse ni disiparse la humedad de la tierra, en ese estado ocurre, por el contrario, que no sólo no viene humedad de arriba, sino que de la Tierra se proyecta hacia lo alto, de forma que, si esto continuase indefinidamente, la Tierra, aunque no brillase el Sol, estaría en peligro de secarse totalmente.”

 

TOMPKINS, Peter. BIRD, Christopher. La vida secreta de las plantas. Editorial Diana S.A. Mexico. 1974. Pag. 132.