Manifiesto

Primera versión marzo 2014

Segunda versión noviembre 2020

Nuestra existencia es un tejido, una suma de minúsculos detalles. Lo que somos depende de la potencia en cada uno de esos gestos, en la capacidad de entender que cada una de nuestras acciones, o ausencia de ellas, genera un impacto sobre el entorno, es decir sobre nosotros mismos.

 

Cuando tengo la posibilidad de conocer y reconocer mi propio cuerpo, tengo las herramientas para crear y/o construir mecanismos de comunicación con él, y es esta posibilidad, quizás, la única manera de saber cómo me relaciono con el entorno. Si como artista soy arqueólogo de mi propio tiempo, he de ser honesto, claro y profundo. La lectura que haga de este tiempo, mi presente, será el legado que permitirá a otros reconocer su pasado.

 

Como persona/artista he de estar en equilibrio, no seré quién entretenga, no seré quién se queje de todo. Seré quién observe, procese y brinde puntadas para explorar y encontrar “maneras” de operar. Como persona/artista seré quién me pregunte constantemente sobre el peso y la responsabilidad de mi posición y de mi rol en esta sociedad, y en silencio y sólo para mí, encuentre respuestas, encuentre otras preguntas. Luego brindar a los otros “rutas” para que transiten sus propios caminos. Como persona debo buscar, procurar y construir equilibrio en todos los aspectos de mi vida individual, familiar y social.

 

Respetar a otros seres vivos.

Reconocer la influencia de otros en mi trabajo.

 

He de aprender a cocinar para mí, para otros.

He de maravillarme ante la naturaleza, la vida, el silencio.

 

He de meditar.

 

Como persona/artista he de conocer mi entorno político y he de poder identificar mi posición en este contexto. He de sanar mi mente, mi cuerpo, mi espíritu, porque no importa cual sea mi herramienta, mi obra será la expresión de mis deseos, en esa medida lo que hago al ser para mi es también para otros.

 

Siento la necesidad de explorar y tratar de sentir el amor libre.

Me permito amar y es algo que quiero cuidar como parte estructural de mi actuar.

Amar sin temer al dolor de separarse cuando el camino se bifurca y entonces ya no se comparte la misma ruta.

 

Amar con compromiso, amar de manera exigente y, en lo posible, sin esperar nada a cambio. Creo que siempre espero algo a cambio, y aún no sé cómo lidiar con esa condición expectante. Por ahora, apuesto a creer que en el instante en que estoy frente a otros es posible reconocerme a través de ellos. Es algo así como un instante de comunión, en donde es posible plantear una correlación.

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Me urge indagar en el punto de vista de Beerito Cobaría en La voz de los U´wa:

 

“Nuestros ríos deben partir de nuestras tierras tan limpios como llegaron. Aquí yace la pureza del perdón.”,

“Somos amamantados por el mismo pezón (la Tierra), entonces la Danta, el Paujil, la Tijereta, la Zorra, el Jaguar, el Hombre blanco, son nuestros hermanos.”.

 

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Durante la construcción de una Maloka bajo la guianza del Mamo Senchina de la Comunidad Kogi, el Mamo hacía énfasis en que en la construcción de una Maloka toda la comunidad participa. La Maloka se construye con material vegetal, el cual tiene una duración específica, a nuestra mirada es una construcción “temporal”. En algún momento el material vegetal se descompone, entonces es necesario construir una nueva Maloka. Cuando esto sucede la comunidad entera vuelve a participar. De esta manera el conocimiento es transferido de una generación a otra a través de la experiencia.

Rafael Duarte-Uriza